El Deet Ofrece A Los Seres Humanos Una ‘Capa De Invisibilidad’ Para Defenderse De Las Picaduras De Mosquitos

17/10/2019

Mosquito
Anopheles mosquito antennae in apparatus used in these experiments. Credit: Christopher Potter

--El DEET puede ‘ocultar’ químicamente a los seres humanos en contra de los mosquitos portadores del paludismo en lugar de repelerlos

 

Desde su desarrollo inicial durante la Segunda Guerra Mundial para proteger a los soldados estacionados en países donde las tasas de transmisión del paludismo eran altas, investigadores han laborado para identificar con precisión cómo es que el DEET afecta a los mosquitos. Estudios pasados han analizado la estructura química del repelente, han estudiado las reacciones de su uso con insectos más fáciles de manejar, como las moscas de la fruta y experimentado con los receptores de olores de mosquitos genéticamente modificados y cultivados dentro de huevos de rana. Sin embargo, la respuesta neurológica del mosquito Anopheles ante el DEET y otros repelentes siguió siendo desconocida, en gran medida, porque el estudio directo de las neuronas de los mosquitos que responden a los olores es laborioso e intenso, y técnicamente muy difícil.

Investigadores de Johns Hopkins han utilizado una técnica de manipulación genética con el mosquito transmisor del paludismo, el mosquito Anopheles, que les ha permitido inspeccionar detenidamente el funcionamiento interno de las fosas nasales del insecto. La investigación ha sido publicada en Current Biology.

“Los repelentes son un impresionante grupo de aromas que pueden prevenir las picaduras de mosquitos, pero no nos ha quedado claro cómo es que realmente funcionan. Mediante la utilización de nuestras nuevas cepas de mosquitos Anopheles con modificaciones genéticas, finalmente podemos preguntarnos: ¿Cómo responden las neuronas olfativas de un mosquito ante los aromas de los repelentes?”, explica el Dr. Christopher Potter, catedrático adjunto de neurociencia en el Departamento de Neurociencia Solomon H. Snyder de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

“Los resultados que obtuvimos de los mosquitos Anopheles nos sorprendieron. Descubrimos que las neuronas olfativas de los mosquitos Anopheles no responden directamente al DEET o a otros repelentes sintéticos, sin que más bien, esos repelentes impiden que los aromas de la piel humana puedan ser detectados por los mosquitos. En otras palabras, los repelentes estaban ocultando o cubriendo de los Anopheles, los aromas que tenemos en la piel”.

“Nos dimos cuenta de que en vez de actuar como repelente directamente ante los mosquitos, el DEET produce una interacción que oculta las sustancias químicas aromáticas de la piel humana. Eso nos ayudará a desarrollar nuevos repelentes que funcionen de la misma manera”, comenta el Dr. Ali Afify, becario posdoctoral de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, y autor principal de este artículo.

Cuando los investigadores disparaban aromas que los mosquitos podían detectar en sus antenas, como los aromas que componen la piel humana, las moléculas fluorescentes que habían sido modificadas por el grupo para ser detectadas en sus antenas iluminaban las neuronas y se podían grabar con una cámara, demostrando que las fosas nasales de los mosquitos detectaban la señal.

Empleando este sistema de detección de aromas los investigadores descubrieron que distintos aromas, incluyendo los repelentes químicos de insectos como el DEET, los repelentes naturales como el limoncillo (hierba de limón o zacate limón), y las sustancias químicas aromáticas que se encuentran en la piel humana, producían efectos diferentes en las neuronas olfativas.

Cuando los investigadores dispararon el aroma del DEET ante las antenas de los mosquitos, la molécula fluorescente de las neuronas olfativas de los mosquitos no se iluminó, siendo eso una señal de que el mosquito no podía ‘oler’ el químico directamente. Cuando los mosquitos fueron expuestos a las sustancias químicas que sabemos componen el aroma humano, las neuronas se “iluminaron como un árbol de Navidad”, comenta Potter. Pero cabe notar, dice Potter, que cuando el aroma humano iba mezclado con el DEET, simulando así el efecto de aplicar el repelente en la piel, la respuesta neuronal ante la mezcla se vio mitigada, resultando en una reacción notablemente disminuida. Como un 15 por ciento de poder de reacción ante el aroma humano.

Para tratar de comprender porqué sucedió eso, los investigadores midieron la cantidad de moléculas aromáticas en el aire que llegaban hasta las antenas de los mosquitos, para así averiguar qué cantidad de ‘aroma’ tenía que estar presente para que los insectos reaccionaran. Observaron que cuando las moléculas de aromas humanos iban combinadas con el DEET, su concentración disminuía en un 20 por ciento.

“Consideramos, por tanto, que el DEET atrapa los aromas humanos y evita que lleguen hasta los mosquitos”, explica Afify.

Potter y su equipo afirmaron que sospechan que ese efecto es suficiente para ocultar el aroma humano, y evitar que llegue hasta los detectores de olores de los mosquitos.

Los investigadores advierten que su investigación no abordó la posibilidad de que el DEET y otras sustancias químicas similares también pueden actuar como repelentes de contacto, y posiblemente hacer que Anopheles desista de probar o tocar. Además, el grupo tampoco examinó el efecto que tiene el DEET con otras especies de mosquitos —cuestiones que los investigadores se plantearán en experimentos futuros.

“El sentido del olfato en los insectos es extraordinario en su variedad, y sin duda es posible que otras especies de mosquitos como los mosquitos Aedes que transmiten la fiebre del Zika o el dengue también puedan ser capaces de detectar el DEET. Una pregunta clave que abordar será si esa detección está vinculada a una repugnancia, o si el mosquito sencillamente lo percibe como cualquier otro aroma”, dice Potter.

Los investigadores afirman que también planean estudiar los receptores químicos específicos en el cerebro encargados de detectar olores o aromas naturales, como el limoncillo (pasto citronella, hierba luisa, cedrón pasto).

Los mosquitos Anopheles son los portadores más comunes del parásito que transmite el paludismo, el Plasmodium, que se propaga de persona a persona mediante picaduras infectadas. En el 2017, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, o WHO, por sus siglas en inglés), el paludismo mató a unas 435 000 personas.