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Estudio Indica Que Cuanto Más Valor Se Asigna A Algo, Más Rápido Se Consigue

Estudio Indica Que Cuanto Más Valor Se Asigna A Algo, Más Rápido Se Consigue

12/11/2018

--Es muy probable que el circuito cerebral de las personas, así como el de otros seres vivos, esté diseñado para potenciar la búsqueda del valor; dichos hallazgos podrían guiar los estudios de teoría económica

Si alguna vez se ha preguntado cuánto tiempo estaría dispuesto a pararse en una cola para comprar el dispositivo electrónico más novedoso o el regalo de Navidad más codiciado, los investigadores de Johns Hopkins Medicine afirman que la respuesta podría encontrarse en las leyes biológicas que regulan la manera en que los animales normalmente buscan el alimento y otras recompensas. Los resultados de un estudio en humanos confirman la teoría del forrajeo óptimo, la cual señala que los seres vivos están predeterminados biológicamente a potenciar las recompensas que obtienen con base en factores como el valor que en sí tiene el objeto deseado y el tiempo y esfuerzo dedicados a obtener dicho objeto. Asimismo, ratifican lo que ya se sabía de que cuanto más valor se le da a algo, más rápido nos ponemos en marcha para conseguirlo. En otras palabras, si realmente nos importa adquirir ese dispositivo electrónico o ese regalo, no solo estaríamos dispuestos a pagar más por él, sino que seguramente nos apresuraríamos para ponernos al principio de la cola con tal de obtenerlo.

“Ya que los seres vivos que dan prioridad al forrajeo óptimo viven por lo general más tiempo y están en mejor forma, los caracteres que sustentan tal comportamiento se preservan en el proceso evolutivo y, por consiguiente, definen el comportamiento tanto de los humanos como de algunos animales”, explica Reza Shadmehr, catedrático de ingeniería biomédica en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. “Creemos que la velocidad con la que un animal se mueve para conseguir su siguiente recompensa, lo que aquí denominamos ‘vigor’, se relaciona con este mismo principio en los humanos.”

Una descripción de este estudio se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

A fin de estudiar el ‘vigor’ en las personas, Shadmehr y sus colegas registraron la velocidad y la dirección de los movimientos oculares de 92 personas mientras observaban imágenes en una pantalla. El estudio de los movimientos oculares rápidos entre objetos (movimientos pequeños y bruscos que se denominan “sacudidas oculares”) es un modelo que se utiliza con frecuencia para estudiar los sistemas de recompensas, ya que las sacudidas oculares (en promedio, 2.5 por segundo) proporcionan una enorme cantidad de información sobre nuestras preferencias intrínsecas.

Los científicos mostraron imágenes de personas y de objetos inanimados en varios lugares de la pantalla, siendo los rostros de personas la imagen de mayor “valor” (ya que la mayoría de las personas prefiere mirarlas), y la imagen de las puertas, la de menor valor. Registraron cuán rápido los participantes cambiaban el punto de fijación de un objeto a otro y cuánto tiempo demoraban mirando el objeto inanimado o el rostro.

De entre los 92 participantes, los investigadores cronometraron el tiempo que 16 de ellos dedicaban a mirar el rostro de una persona. Conforme los científicos reducían el tiempo para mirar, los participantes movían los ojos más rápidamente entre las imágenes faciales.

“Para nosotros, el experimento confirma que las personas exhiben el mismo forrajeo óptimo que nuestros animales de laboratorio, el cual da cuenta de que los animales suelen moverse más rápido entre cada recompensa cuando el entorno ofrece muchas de ellas”, afirma Shadmehr.

En otro experimento, los científicos mostraron dos imágenes en la pantalla; algunas veces un rostro humano y otras veces un objeto inanimado. Cuando los investigadores mostraron más rostros, los participantes pasaron menos tiempo observando un rostro en concreto y más tiempo alternando la mirada entre los rostros.

“Lo anterior nos indica que cuando un entorno está lleno de objetos de valor o recompensas (en este caso, de rostros), los participantes no solo cambian rápidamente el punto de fijación entre cada recompensa, sino que demoran menos tiempo enfocándose en una recompensa específica”, añade Shadmehr.

No obstante, para la gran sorpresa de los investigadores, uno de los experimentos no fue compatible con las teorías sobre el esfuerzo y la recompensa. En la pantalla se les mostró a los participantes varias imágenes colocadas más lejos las unas de las otras, lo que requería de movimientos oculares más extensos para poder enfocar la mirada en cada imagen. En otras palabras, los participantes debían poner más esfuerzo para alcanzar su recompensa.

Se creería normalmente que en un entorno difícil los animales ahorrarían esfuerzo y actuarían con más lentitud para alcanzar la recompensa. Pues en este experimento ocurrió todo lo contrario: los participantes invirtieron más esfuerzo en alcanzar su recompensa, ya que movían los ojos el doble de rápido entre las imágenes (de cualquier tipo) que estaban más lejos que entre las imágenes que estaban más cerca.

Shadmehr supone que estos resultados tan inesperados podrían explicarse porque las personas les asignan valores distintos a las cosas: “si en el pasado hemos dedicado mucho esfuerzo para conseguir alguna recompensa, dicha recompensa nos parecerá más valiosa e invertiremos más energía en alcanzarla.”

Entender los principios del vigor podría asimismo revelar datos importantes a los científicos sobre enfermedades que vinculan el movimiento con la función cognitiva, como el párkinson, una enfermedad del sistema nervioso que afecta el movimiento y la memoria; y la depresión, la cual se caracteriza por la presencia de movimientos lentos, así como de tristeza y otras alteraciones del ánimo.

Shadmehr sugiere que entender el vigor podría contribuir a la profundización de la teoría económica, básicamente en el sentido de cómo elegimos con base en el valor que le asignamos a cada cosa: “La forma en que identificamos nuestras preferencias y elecciones podría medirse, en parte, al medir nuestro vigor intrínseco.”